Mostrando entradas con la etiqueta Vivencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vivencias. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de mayo de 2016

Disfrute máximo

Hace poco contaba en Facebook que me había llevado un día a Asier (mi hijo de 7 años) a mi clase de fotografía, y que había sido una gozada poder compartir con él mi momento de ocio. La experiencia fue tan buena que, cuando me matriculé al siguiente curso de cine y vídeo, pregunté al profesor si sería posible apuntar también a mi niño. Aunque el curso es para adultos, sabía que era un tema que apasionaba a Asier tanto como a mí, así que estaba casi segura que encajaría perfectamente en la clase.

Tras un primer día de prueba, confirmamos que era uno más. Las más de dos horas de clase seguidas no eran un impedimento para que él las disfrutara, con el permiso de salir de la misma cuando crea que necesite desfogarse un poquillo. El “recreo”, que tan necesario es en el resto de clases a las que asiste, parece que no lo es tanto en esta, ya que, aunque su necesidad de moverse es la propia de un crío de 7 años, no quiere perderse detalle.

Es una maravilla poder disfrutar de ese rato, en el que aprendo y disfruto de un tema tan interesante, al que se suma el gozo de ver el brillo en los ojos de mi hijo, escuchar sus preguntas y aportaciones en un momento en el que no ejerzo de madre cuidadora sino de compañera de intereses comunes.

Es un regalo que se extiende durante toda la semana, mientras comentamos lo aprendido en los días posteriores y nos avisamos mutuamente cuando va a llegar el martes, nuestro día de cine.

Os lo recomiendo. Buscad un tema que os apasione tanto como para dedicarle “vuestro rato”  y que podáis compartir con vuestros hijos. Sin obligaciones, por el mero disfrute. Que será máximo.


Aquí podéis ver uno de los mini-cortos que hemos realizado entre toda la clase y en el que Asier participó encantado.



jueves, 7 de enero de 2016

Incluye la risa en la mochila

Mi hijo no para de preguntarme anécdotas del pasado. Se lo pasa bomba cuando le cuento las trastadas en el cole, o cuáles eran los motes que poníamos a los compañeros en la Universidad, pero lo que más le gusta son las anécdotas escatológicas (estas mejor me las guardo) o que tengan una buena dosis de riesgo. Si hay peligro de muerte mucho mejor (sobre todo sabiendo que al final no la palmé, claro). Por suerte, de estas tengo pocas, pero hay una que le conté hace poco y que le ha dejado alucinado. Allá va:

Río Zambeze (Zimbabwe). Agosto 2005. Ya que estamos en África y somos dos mochileros de pro, decidimos hacer un safari por el Zambeze. Como en la Reina de África solo que con una canoa de plástico. Nosotros dos en una y el guía local en otra, dos metros por delante.

Cocos a la vista
El guía lleva un botiquín gigante que sirve además (y sobre todo, según él) como tambor-despierta-hipopótamos. Vamos, que el tío iba dándole con el remo al botiquín, y de ese modo, los hipopótamos que estaban bajo el agua sacaban la cabeza para ver quién osaba despertarlos. Así evitábamos pasar por encima. Todo muy organizado. Es importante añadir que el hipopótamo, a pesar de ser conocido en los dibujos animados como un ser encantador, es el animal que más muertes provoca en África…
Los hipos nos observan

La gracia del safari, a parte de pasearnos entre hipopótamos y cocodrilos, era que había que sortear algunos rápidos a lo largo del camino. El guía nos avisaba metros antes de llegar, de qué manera había que remar para pasar el rápido correctamente. Todo iba estupendamente hasta que llegamos a uno de los más complicados y aquel se olvidó de darnos las pautas a tiempo. Todo pasó muy rápido. El zimbabuense empezó a gritar ¡STOP! ¡STOP! como loco, se puso de pie en la canoa haciendo una cruz con los remos, una manada de hipos nos observaban al otro lado del rápido, y yo empecé a gritar a mi compañero para que parara de remar, ya que estaba claro que no los había visto. En ese momento confió en mí y se dejó llevar. Luego me contó que los había confundido con unas rocas (quizás por eso decidió operarse de la vista poco después). 

De alguna manera conseguimos arrimar la canoa a la orilla y agarrarnos en el último momento a unas ramas que sobresalían. Así nos quedamos, agarrados como piojos,  hasta que pudo llegar el guía hecho una furia. El pobre se había llevado un buen susto al pensar que iba a ser testigo de la muerte de sus muy probablemente últimos clientes. Pero no. Los piojos lo tomamos a risa. Supongo que en esos casos o te ríes o la anécdota acaba siendo escatológica…. Y las carcajadas nerviosas siempre sientan bien y relajan el ambiente. El zimbabuense no le vio la gracia por ningún lado, y eso que nosotros decidimos no buscar responsabilidades ya que no se nos había olvidado a quién se le había pasado darnos las indicaciones a tiempo.

Y así aprendí varias cosas:
  • Si sigues a alguien en una aventura, asegúrate de que sea un buen guía
  • Si tomas riesgos, elige un socio que te de plena confianza.
  • Incluye la risa en tu mochila. Siempre.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Evolución

Me dejo llevar. No se hacia dónde voy. Sólo quiero gozar del camino.

Espero llegar a buen puerto, pero si mi barca se estrellara, volvería a recomponerla con todos los minutos de este tiempo disfrutado.


Es una apuesta muy arriesgada, pero el premio lo gano todos los días….


lunes, 16 de marzo de 2015

Desde el otro lado

Este fin de semana lo he pasado "trabajando" en Malasaña Market. Una de tantas ferias de artesanía que ahora colorean nuestro emergente nuevo mundo. Y lo colorean porque están llenas de vida. La de mucha gente que, como yo, damos lo mejor de nosotros mismos en múltiples formas pero como un denominador común: lo hacemos todo con cariño. Nos dejamos la piel para que nuestros productos sean únicos y aquellos que vayan a disfrutarlos lo sientan así. Es un mundo muy curioso. Te encuentras gente de todo tipo, la mayoría reinventada y con mucha ilusión. La precariedad de las condiciones laborales se equilibra con la satisfacción que nos proporciona nuestro trabajo, y lo cierto es que las sonrisas y el buen rollo predominan. 

He trabajado en despachos de abogados, en empresas y en la administración y he visto muchas zancadillas y malas caras, a pesar de los buenos sueldos que se llevaban a casa. Y os puedo asegurar que, aunque supongo que habrá personas problemáticas - que todavía no me he encontrado- el compañerismo y la cooperación es la tónica habitual en este tipo de encuentros. Tras dos o tres días exponiendo y vendiendo nuestras cosas espalda con espalda, se crea una complicidad muy bonita. Y eso es algo de lo que yo todavía no he leído nada, y quería compartirlo porque creo que merece la pena que se sepa. De todas ellas me he llevado el cariño de muchos compañeros arte-sanos, buena gente como Cada día te quiero más,  Bolboretas, Las PájarasSile Nole, Masu Cirujano, Mikokedama, La piel de Raquel, Diabla, Marilu's Cakes, Átomos Energía Libre,  Bell & Howellery, Niru Joyas, Koketta's Room, María Linaza, La Mora Verde, Mi abuela Lila, Leanko's Sunglasees, Bakáliko, El atelier de Ishtar, Gomaeva Marly, Huerto aromático, Libre Moda FotoJonshy y mucha más que se que me dejo en el tintero pero que también deberían estar aquí nombradas. Os animo a que echéis un ojo a su trabajo porque merece la pena.

Siempre me ha interesado la faceta humana de todo lo que experimento y una feria es como un escaparate social. En principio somos nosotros los que estamos expuestos, pero muchas veces yo siento que estoy en un cine y veo la gente pasar. Familias, parejas, amigos. De distintas clases sociales. Con diferentes intereses y gustos. Es muy divertido e instructivo. Así es como me entero de cuál es la moda que se lleva, de los peinados que están de actualidad, de lo que le gusta a la gente, de los problemas económicos por los que atraviesan y, muchas veces, de su vida. Porque la comparten conmigo en pequeñas confesiones que yo recibo como regalos. Acabo agotada de repetir miles de veces cuál es mi trabajo y de mostrar aquellos detalles que más  me gustan, pero merece la pena porque sin ellos, mi trabajo no tendría sentido. 

Sin la gente, sin el brillo que aparece en sus ojos cuando descubren algo que les gusta y la emoción de pensar en la sorpresa que van a dar a esa persona a la que quieren, yo no podría inspirarme y continuar. Pintas Mucho en mi Vida no existiría.

De este finde me quedo con una anécdota preciosa. Pocas veces tengo la oportunidad de presenciar la entrega de uno de mis cuadritos a su destinatario y ésta ha sido una de ellas. Vinieron un par de amigas a verme y una de ellas decidió sobre la marcha regalarle a la otra uno de los cuadritos que tenía expuesto. Uno muy sencillo pero con un mensaje muy evidente. Cuando se lo dijo, allí mismo, ¡la otra se emocionó! A pesar de estar ahí expuesto, de no ser personalizado ni abrir un paquete de regalo (con lo que eso significa) ¡se emocionó! y yo casi bailo de alegría. Bueno, de hecho creo que bailé un poco ¡jajaja!. ¡Ay, qué momento tan bonito!

En fin, que ha sido un gran finde. Mil gracias a la organización (son estupendos), a los compañeros y al público que vino a vernos. ¡Ah! Y a Álvaro Santos que me hizo esta mini vídeo entrevista. ¡Ole!

lunes, 11 de noviembre de 2013

Pintas Mucho en mi Vida ha cumplido un añito

Hoy hace un año que lancé el blog de Pintas Mucho en mi Vida. Una "locura" más. Un "¿Y por qué no?” más.

Sin haber dado una clase de pintura o arte en mi vida, parecía un tanto loco lanzarme al vacío de esa manera. Pero, por otro lado, no tenía nada que perder. Nadie esperaba nada de mí. Ni yo misma. Sólo sabía que los pocos cuadros que había pintado hasta esa fecha me habían resultado muy placenteros y que siempre me ha gustado regalar algo muy personal para mostrar mi cariño por mi gente. Fue precisamente mi gente la que me animó a hacerlo.

¿Y por qué no? Pensé yo. "No pierdo nada, no le hago daño a nadie, no “voy” de nada y si resulta que hay alguien al que le gusta lo que hago lo mismo le soluciono un regalito especial, yo me lo paso pipa haciéndolo y encima me llevo un dinerillo."

El apoyo inicial de un puñado de amigos que me hicieron los primeros encargos me llenó las baterías. Cuando esos encargos fueron entregados y emocionaron a los destinatarios, el tren empezó a andar. Y poco a poco, se fue dando un pequeño efecto dominó que hizo que decidiera lanzarme definitivamente al vacío y dedicarme plenamente a esta nueva y maravillosa actividad. Una vez más, ¡hice caso a mis tripas! Pintar cuadros para que la gente se diga que se quiere. Servir de canal. Y mis días se llenaron de mensajes de amor, de gentes que me hablaban de sus seres queridos y de lo importante que era sorprenderles y emocionarles. Y esos mensajes los traducía en color y brillantina. Y de todos ellos me iba quedando un poso. Un halo protector que ha hecho que este año horribilis en España haya sido, paradójicamente, un año maravilloso para mí…

A un año vista habré pintado unos 200 cuadritos. Llegaron también las chapas, imanes y espejitos. Ahora disfruto diseñando anillos, colgantes y pendientes con las imágenes de mis cuadros. Y también me están llamando para dar charlas sobre creatividad vital. Esa palabra que he conocido este año, a pesar de haberla aplicado toda mi vida. Y sí, he puesto en práctica aquello que animaba a hacer a la gente en un post de hace ya dos años. ¡Y me ha salido bien!

Gracias, gracias, gracias. A mi madre y mi hermano que me regalaron mi primer maletín de pintura (que tuve parado durante años). A Javi y Asier, por todo. A Rebeca, que ha creído en mí más que yo misma. A todos y cada uno de los que me habéis apoyado, haciendo que esta locura se convirtiera en una realidad maravillosa. A todos los que me habéis hecho partícipe de vuestras vidas y amores. ¡¡A la vida!!


martes, 12 de junio de 2012

Amasando con la harina de los demás


Normalmente no me gusta hacer comentarios negativos ni pesimistas. Pienso que, aunque todos tenemos ese tipo de pensamientos -y por desgracia cada vez más a menudo-, darles voz o ponerlos por escrito es como dotarlos de personalidad, y esta situación por la que estamos pasando es suficientemente real como para que los mortales que no nos dedicamos a la política ni a la economía le demos aún mayor bombo, perdamos el equilibrio y nos veamos abocados a un mundo de ideas que no controlamos.

Pero es que por mucho que no quiera echar más leña al fuego, hay cosas que claman al cielo. No voy a hablar del rescate, de lo mal que han gestionado y gestionan los políticos los intereses de España (de los españoles, que sin ellos, España no es nada) sino de la corrupción, a todos los niveles. Creo que es uno de los delitos que más me repugna. Obviamente, a mayor cargo público, mayor repugnancia siento por los delitos que se hayan podido cometer a cargo de los impuestos de todos. Y es que, me parece tan ruin que alguien que ocupa un puesto que ha de ser ejemplo para el resto de la sociedad (y por tanto, goza del respeto de los ciudadanos y cobra un salario mucho más que digno que le permite vivir muy holgadamente) se aproveche de su posición para no pagar ni un céntimo de su bolsillo, es penoso.

Por desgracia, estos casos no aparecen por casualidad, ni son excepcionales. Es muy común escuchar a la gente decir que “cualquiera que tenga la oportunidad, robará”. Y la gente lo dice porque lo piensa y me parece terrible. ¿De verdad todo el mundo cree que sus conocidos también serían corruptos a poco que tuvieran la oportunidad? Qué lástima, de verdad. Pero estas miserias no ocurren solo en las instituciones públicas. Para mí la corrupción va más allá. Independientemente de lo que diga el tipo penal. Hablo de la corrupción personal, de la avaricia, de la bajeza humana que por ganar dinero es capaz de cualquier cosa, como hemos visto con los desmanes de la banca.

Personalmente viví una situación relacionada, que me dejó marcada de por vida. Hace años, mientras trabajada en un despacho de abogados -no diré el nombre, puesto que era tan inmundo que una de sus prácticas era presentar denuncias de todo tipo frente a los extrabajadores, para presionarles y evitar que contaran las lindezas que ocurrían dentro. No sé si seguirán practicando ese deporte, pero me ahorraré el disgusto. Sólo diré que el día que puse un pie dentro, supe que me tenía que ir de allí. Antes de que pasaran 6 meses me piré, a pesar de la sorpresa del jefe porque según sus palabras “no habían tenido ningún problema conmigo” esto dicho como algo sorprendente.- En fin, a lo que iba, el caso es que por aquel entonces yo me había sacado el título de grafóloga y perito calígrafo, y ya podía defender mis propias periciales en los juzgados. Un día vinieron dos compañeros abogados a pedirme que les hiciera la pericial de un documento. Dado que conocía el pelaje de los susodichos, indiqué que yo haría la pericial y que, si el resultado les era favorable para los intereses de su cliente, la utilizaran y que de no ser así, pues nada. La respuesta no se hizo esperar. A gritos y como si no dieran crédito a lo que acababan de oír, lo más lindo que me dijeron fue que era gilipollas. Me dijeron que el cliente me daba un cheque en blanco. Que si lo rechazaba, era una idiota.

Les dije lo siguiente, más o menos: “Como abogada utilizo las vías que me permiten las leyes, para defender a mis clientes. Es un juego en el que sólo hay que cumplir las reglas, aunque a veces sepamos que lo que decimos no es verdad. Pero es que en todos los juicios siempre hay una parte, si no son las dos, que miente. Eso es así. Pero como perita, lo único de lo que dispongo, es de mi palabra. Si miento ¿Qué  me queda? Una vez que haya pasado la línea ¿Qué más dará pasarla de nuevo? La línea entre la dignidad y la falta de ella es muy delgada. Y mi dignidad no tiene precio.”

No se si añade o no a la historia el hecho de que ambos abogados eran de muy “buena familia”, estaban forrados, me "consultaban" si los anillos de sus novias debían tener 7 o 9 brillantes o diamantes (ya no recuerdo qué es lo que procede en estos casos), mientras me contaban cómo "tenían" que ir de putas puesto que "hay cosas que la futura madre de tus hijos no puede hacer. La boca que besará la carita de tu hijo no puede hacer ciertas cosas". Verídico.

Se rieron de mí, me despreciaron. Y a mí me pareció desolador encontrarme con dos personas que muy probablemente ahora estén ocupando cargos de poder (gracias a papá y sus amigos) y que no dudaron ni un segundo de que mi decisión era estúpida… ¿Qué decisiones habrán tomado en estos últimos años?

Pues eso.