lunes, 11 de noviembre de 2013

Pintas Mucho en mi Vida ha cumplido un añito

Hoy hace un año que lancé el blog de Pintas Mucho en mi Vida. Una "locura" más. Un "¿Y por qué no?” más.

Sin haber dado una clase de pintura o arte en mi vida, parecía un tanto loco lanzarme al vacío de esa manera. Pero, por otro lado, no tenía nada que perder. Nadie esperaba nada de mí. Ni yo misma. Sólo sabía que los pocos cuadros que había pintado hasta esa fecha me habían resultado muy placenteros y que siempre me ha gustado regalar algo muy personal para mostrar mi cariño por mi gente. Fue precisamente mi gente la que me animó a hacerlo.

¿Y por qué no? Pensé yo. "No pierdo nada, no le hago daño a nadie, no “voy” de nada y si resulta que hay alguien al que le gusta lo que hago lo mismo le soluciono un regalito especial, yo me lo paso pipa haciéndolo y encima me llevo un dinerillo."

El apoyo inicial de un puñado de amigos que me hicieron los primeros encargos me llenó las baterías. Cuando esos encargos fueron entregados y emocionaron a los destinatarios, el tren empezó a andar. Y poco a poco, se fue dando un pequeño efecto dominó que hizo que decidiera lanzarme definitivamente al vacío y dedicarme plenamente a esta nueva y maravillosa actividad. Una vez más, ¡hice caso a mis tripas! Pintar cuadros para que la gente se diga que se quiere. Servir de canal. Y mis días se llenaron de mensajes de amor, de gentes que me hablaban de sus seres queridos y de lo importante que era sorprenderles y emocionarles. Y esos mensajes los traducía en color y brillantina. Y de todos ellos me iba quedando un poso. Un halo protector que ha hecho que este año horribilis en España haya sido, paradójicamente, un año maravilloso para mí…

A un año vista habré pintado unos 200 cuadritos. Llegaron también las chapas, imanes y espejitos. Ahora disfruto diseñando anillos, colgantes y pendientes con las imágenes de mis cuadros. Y también me están llamando para dar charlas sobre creatividad vital. Esa palabra que he conocido este año, a pesar de haberla aplicado toda mi vida. Y sí, he puesto en práctica aquello que animaba a hacer a la gente en un post de hace ya dos años. ¡Y me ha salido bien!

Gracias, gracias, gracias. A mi madre y mi hermano que me regalaron mi primer maletín de pintura (que tuve parado durante años). A Javi y Asier, por todo. A Rebeca, que ha creído en mí más que yo misma. A todos y cada uno de los que me habéis apoyado, haciendo que esta locura se convirtiera en una realidad maravillosa. A todos los que me habéis hecho partícipe de vuestras vidas y amores. ¡¡A la vida!!


jueves, 16 de mayo de 2013

El éxito


El otro día mi hijo (4 años) me presentó a un coleguilla suyo así: "Esta es mi mamá. Es pintora. Pinta cuadros".

Fue un momento maravilloso. Recordé el día que decidí cambiar mi trayectoria profesional a los pocos meses de nacer Asier. Quería ser coherente y que mi hijo pudiera ver en mí esa coherencia. No soportaba la idea de tener que justificar mi trabajo (entonces abogada en una multinacional de defensa) a mi hijo. Y me fui a encontrarme.

De momento me he encontrado en Pintas Mucho en mi Vida. Me da igual lo que pase a partir de ahora:  A los ojos de mi hijo se que soy coherente. Yo ya he triunfado. Esto es para mí el éxito.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Podemos añadir color a nuestro presente


Parece que estamos abocados a un futuro negro, sin que podamos hacer nada para evitarlo. Precisamente para luchar contra ello, he querido llenar ese futuro de notas de color que sobresalen de las imágenes de protesta. Sólo son unas pocas fotografías tomadas en algunas de las manifestaciones celebradas este año en Madrid.

A los que creen que la movilización social no sirve de nada, les invito a formar parte de ella y añadir color a este presente que es la base de nuestro futuro. Y el de nuestros hijos.

Porque juntos podemos.

lunes, 22 de octubre de 2012

De regalo, activismo creativo


En el mes de Octubre mi familia celebra tres cumpleaños. Este año, al pensar en los respectivos regalos, decidí realizar un cuadro familiar que pudiéramos compartir entre todos. Dado que vivimos muy alejados los unos de los otros, me hacía ilusión la idea de poder compartir un mismo cuadro, de modo que cada uno de nosotros, al observarlo, sintiera que estaba un poquito más cerca de los demás.

Así que decidí hacer un sólo cuadro, distribuido en cuatro lienzos, a modo de puzzle.

A la hora de decidir el motivo, me dejé llevar por mis sentimientos y emociones actuales que, inevitablemente, se ven afectadas por la crisis que padecemos y los recortes salvajes que nos están imponiendo. Sin poder ni querer evitarlo, surgió la necesidad de plasmar una manifestación que pudiera expandirse con cada uno de nosotros. Para quitarle hierro al asunto, me pareció divertido darle un toque infantil, basándome en uno de los libros de mi hijo. La mezcla me parecía interesante.

Así mataba dos pájaros de un tiro. Compartir cuadro y expandir el debate, puesto que lo que deseo es que surjan nuevos focos de discusión, cuando terceras personas que visiten nuestras respectivas casas vean nuestros cuadritos y se pregunten qué es aquello.

Al observar el resultado me percaté que, sin darme cuenta, había puesto un granito más en el movimiento del activismo creativo que tanto me entusiasmó el año pasado en Nueva York. ¡Qué alegría!

Y por eso os lo cuento : )

viernes, 5 de octubre de 2012

Hablando se entiende la gente, a veces.


El otro día impartí mi primera clase particular sobre redes sociales. Fue una experiencia novedosa e interesante, puesto que siempre he defendido que para transmitir el conocimiento, no es necesario utilizar siempre la terminología propia del  tema que se esté tratando.  

Durante mi época como abogada, colaboré una temporada como voluntaria en un centro de mujeres de barrio. Fue una experiencia bastante dura, porque me tocaba asesorar a mujeres con problemas de todo tipo, maltratadas por sus parejas en su mayoría y con un nivel de educación muy bajo. Estas pobres mujeres se sentían doblemente víctimas dado que, muchas de ellas, acudían a mí para que yo les “tradujera” las palabras de sus abogadas de oficio. Para mí esto era algo intolerable, ya que por aquel entonces daba por supuesto que el que domina el lenguaje “elevado” debe saber también modularlo según el interlocutor que tenga delante.

Sin embargo, la vida me ha demostrado que no siempre es así y que por desgracia hay muchos profesionales que no saben ponerse en la piel del otro, carecen de empatía y en muchos casos, simplemente, no son capaces de dar la vuelta a aquello que han aprendido de memoria.

En fin, el caso es que el otro día, sin utilizar ningún término de los que estamos acostumbrados a leer en la red, intenté (espero que con éxito) dar un panorama general de qué son las redes sociales y para qué nos pueden servir. Después de abrir la caja de Pandora y mostrar la cantidad de información disponible, les conté que además de disfrutar de la red como usuaria, me encanta trabajar en comunicación online, puesto que me permite desarrollar diferentes personalidades. Juego diferentes papeles, como si de una obra de teatro se tratara. Dependiendo de la cuenta que maneje, utilizo un tono distinto, transmito un mensaje diferente, con un lenguaje adaptado al tipo de público al que se dirige cada una de ellas. Me pongo en la piel del receptor y me digo ¿Qué es lo que me gustaría que esta marca me aportara? y procuro cumplir con la respuesta que obtengo. Además, adentrarme en el mundo de cada marca, me obliga a seguir aprendiendo, y me mantiene viva.

Gestiono cuentas de diversa índole; académicas, comerciales, culturales… y disfruto con ello. Pero han sido muchos años de trabajo -de exponer casos y ponencias, de negociar con altos cargos y hablar con personas sencillas, de aprender psicología gracias a la grafología, de interesarme y estudiar muchos temas diferentes y paralelos a mi profesión- los que me han dado esta “facilidad”. Ahora que poco a poco las instituciones y las empresas empiezan a darse cuenta de que deben estar en la web 2.0, quieren hacerlo, pero todavía hay muchas que se resisten a pagar este servicio, porque aún no lo valoran. No se dan cuenta que lanzarse al mundo online son palabras mayores. Como todo el mundo maneja Facebook, creen que este es un trabajo que puede hacer cualquiera... sin tener en cuenta la capacidad de comunicación (entre otras competencias) que tenga la persona en cuestión. Porque comunicar, supone hacer llegar el mensaje exacto, a la persona indicada y saber escuchar sus necesidades. Y no todo el mundo puede hacerlo... Y las consecuencias de una mala comunicación pueden ser desastrosas.

Y yo me pregunto ¿Pondrías como relaciones públicas de tu marca, como escudo contra incendios, a una persona inexperta o a otra con demasiado conocimiento teórico pero incapaz de comunicar al nivel de tu potencial clientela?



martes, 25 de septiembre de 2012

Es hora de implicarse (aunque afecte a tu marca personal)

Estamos viviendo un momento histórico. España empieza a descender la montaña rusa de la crisis y no sabemos si al final se chocará contra el muro, o podrá seguir adelante. Todo apunta a que si seguimos en esta dirección, nos espera en breve la misma situación que ahora padecen los ciudadanos griegos (y ellos tienen menos paro) y (otros) 40 años de miseria.


Mientras sólo un porcentaje muy pequeño de la población tiene la valentía de mostrar su indignación, su rechazo a las políticas y a las medidas que se están tomando (y se han tomado), el resto de ciudadanos observan silenciosos, como si la cosa no fuera con ellos, o, sencillamente, temerosos de mostrar su opinión bajo amenaza de ser señalados con el dedo, con las consecuencias sociales y laborales que eso significa. Sobre todo, en esta España nuestra.
Temen que, si muestran públicamente su descontento, su deseo de que esto vaya por otras vías, las cosas se les pongan aún peor. Y virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Lo comprendo. Hay que asegurar el pan en casa.

Pero, ¿no os parece que ahora es más importante apostar por el bien general? ¿No estamos hartos de oír la frase “pan para hoy, hambre para mañana”? Personalmente creo que es ahora cuando todos debemos plantarnos. Antes de que las cosas se pongan aún peor. Todavía hay posibilidades de parar esta locura. Al menos, debemos intentarlo. No puedo imaginar los ojos de mi hijo cuando, dentro de 20 años me pregunte “¿Mamá, y tú qué hiciste para evitar todo esto?.  Desearía poder contestar que yo fui uno más de los engranajes que hizo posible el cambio. O, por lo menos, en el peor de los casos, asegurarle que hice lo que estaba en mi mano para evitar el desastre. Desde luego, no puedo soportar la idea de quedarme muda ante tal pregunta.

Comprendo perfectamente las implicaciones, las consecuencias de la huella digital que estas palabras (y las que vendrán) dejarán sobre mi marca personal.

Para alguien que ha decidido hace dos días trabajar como freelance (y que todavía ni siquiera le ha dado tiempo de publicar su blog profesional), supone un gran sacrificio. Aunque en mi trabajo no se vea cuál es mi postura política (tal y como demuestra una trayectoria profesional tan dispar como la mía), es obvio que mi posicionamiento público ideológico echará para atrás a potenciales clientes y colaboradores. Me arriesgo a que no haya pan para hoy.
Pero debo hacerlo, para intentar que nuestros nietos sí lo tengan.

Os animo a que también os impliquéis. Somos ciudadanos antes que profesionales. Podemos y sabemos defender nuestras ideas, sin que esto influya en el resultado de nuestro trabajo.

Nos necesitamos.

martes, 12 de junio de 2012

Amasando con la harina de los demás


Normalmente no me gusta hacer comentarios negativos ni pesimistas. Pienso que, aunque todos tenemos ese tipo de pensamientos -y por desgracia cada vez más a menudo-, darles voz o ponerlos por escrito es como dotarlos de personalidad, y esta situación por la que estamos pasando es suficientemente real como para que los mortales que no nos dedicamos a la política ni a la economía le demos aún mayor bombo, perdamos el equilibrio y nos veamos abocados a un mundo de ideas que no controlamos.

Pero es que por mucho que no quiera echar más leña al fuego, hay cosas que claman al cielo. No voy a hablar del rescate, de lo mal que han gestionado y gestionan los políticos los intereses de España (de los españoles, que sin ellos, España no es nada) sino de la corrupción, a todos los niveles. Creo que es uno de los delitos que más me repugna. Obviamente, a mayor cargo público, mayor repugnancia siento por los delitos que se hayan podido cometer a cargo de los impuestos de todos. Y es que, me parece tan ruin que alguien que ocupa un puesto que ha de ser ejemplo para el resto de la sociedad (y por tanto, goza del respeto de los ciudadanos y cobra un salario mucho más que digno que le permite vivir muy holgadamente) se aproveche de su posición para no pagar ni un céntimo de su bolsillo, es penoso.

Por desgracia, estos casos no aparecen por casualidad, ni son excepcionales. Es muy común escuchar a la gente decir que “cualquiera que tenga la oportunidad, robará”. Y la gente lo dice porque lo piensa y me parece terrible. ¿De verdad todo el mundo cree que sus conocidos también serían corruptos a poco que tuvieran la oportunidad? Qué lástima, de verdad. Pero estas miserias no ocurren solo en las instituciones públicas. Para mí la corrupción va más allá. Independientemente de lo que diga el tipo penal. Hablo de la corrupción personal, de la avaricia, de la bajeza humana que por ganar dinero es capaz de cualquier cosa, como hemos visto con los desmanes de la banca.

Personalmente viví una situación relacionada, que me dejó marcada de por vida. Hace años, mientras trabajada en un despacho de abogados -no diré el nombre, puesto que era tan inmundo que una de sus prácticas era presentar denuncias de todo tipo frente a los extrabajadores, para presionarles y evitar que contaran las lindezas que ocurrían dentro. No sé si seguirán practicando ese deporte, pero me ahorraré el disgusto. Sólo diré que el día que puse un pie dentro, supe que me tenía que ir de allí. Antes de que pasaran 6 meses me piré, a pesar de la sorpresa del jefe porque según sus palabras “no habían tenido ningún problema conmigo” esto dicho como algo sorprendente.- En fin, a lo que iba, el caso es que por aquel entonces yo me había sacado el título de grafóloga y perito calígrafo, y ya podía defender mis propias periciales en los juzgados. Un día vinieron dos compañeros abogados a pedirme que les hiciera la pericial de un documento. Dado que conocía el pelaje de los susodichos, indiqué que yo haría la pericial y que, si el resultado les era favorable para los intereses de su cliente, la utilizaran y que de no ser así, pues nada. La respuesta no se hizo esperar. A gritos y como si no dieran crédito a lo que acababan de oír, lo más lindo que me dijeron fue que era gilipollas. Me dijeron que el cliente me daba un cheque en blanco. Que si lo rechazaba, era una idiota.

Les dije lo siguiente, más o menos: “Como abogada utilizo las vías que me permiten las leyes, para defender a mis clientes. Es un juego en el que sólo hay que cumplir las reglas, aunque a veces sepamos que lo que decimos no es verdad. Pero es que en todos los juicios siempre hay una parte, si no son las dos, que miente. Eso es así. Pero como perita, lo único de lo que dispongo, es de mi palabra. Si miento ¿Qué  me queda? Una vez que haya pasado la línea ¿Qué más dará pasarla de nuevo? La línea entre la dignidad y la falta de ella es muy delgada. Y mi dignidad no tiene precio.”

No se si añade o no a la historia el hecho de que ambos abogados eran de muy “buena familia”, estaban forrados, me "consultaban" si los anillos de sus novias debían tener 7 o 9 brillantes o diamantes (ya no recuerdo qué es lo que procede en estos casos), mientras me contaban cómo "tenían" que ir de putas puesto que "hay cosas que la futura madre de tus hijos no puede hacer. La boca que besará la carita de tu hijo no puede hacer ciertas cosas". Verídico.

Se rieron de mí, me despreciaron. Y a mí me pareció desolador encontrarme con dos personas que muy probablemente ahora estén ocupando cargos de poder (gracias a papá y sus amigos) y que no dudaron ni un segundo de que mi decisión era estúpida… ¿Qué decisiones habrán tomado en estos últimos años?

Pues eso.