Una tía con suerte
Mujer-orquesta: He tocado y tocaré muchos palos.
jueves, 16 de mayo de 2013
El éxito
El otro día mi hijo (4 años) me presentó a un coleguilla suyo así: "Esta es mi mamá. Es pintora. Pinta cuadros".
Fue un momento maravilloso. Recordé el día que decidí cambiar mi trayectoria profesional a los pocos meses de nacer Asier. Quería ser coherente y que mi hijo pudiera ver en mí esa coherencia. No soportaba la idea de tener que justificar mi trabajo (entonces abogada en una multinacional de defensa) a mi hijo. Y me fui a encontrarme.
De momento me he encontrado en Pintas Mucho en mi Vida. Me da igual lo que pase a partir de ahora: A los ojos de mi hijo se que soy coherente. Yo ya he triunfado. Esto es para mí el éxito.
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lunes, 12 de noviembre de 2012
Podemos añadir color a nuestro presente
A los que creen que la movilización social no sirve de nada,
les invito a formar parte de ella y añadir color a este presente que es la base
de nuestro futuro. Y el de nuestros hijos.
Porque juntos podemos.
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lunes, 22 de octubre de 2012
De regalo, activismo creativo
En el mes de Octubre mi familia celebra tres cumpleaños. Este año, al pensar en los respectivos regalos, decidí realizar un cuadro familiar que pudiéramos compartir entre todos. Dado que vivimos muy alejados los unos de los otros, me hacía ilusión la idea de poder compartir un mismo cuadro, de modo que cada uno de nosotros, al observarlo, sintiera que estaba un poquito más cerca de los demás.
Así que decidí hacer un sólo cuadro, distribuido en cuatro lienzos, a modo de puzzle.
A la hora de decidir el motivo, me dejé llevar por mis sentimientos y emociones actuales que, inevitablemente, se ven afectadas por la crisis que padecemos y los recortes salvajes que nos están imponiendo. Sin poder ni querer evitarlo, surgió la necesidad de plasmar una manifestación que pudiera expandirse con cada uno de nosotros. Para quitarle hierro al asunto, me pareció divertido darle un toque infantil, basándome en uno de los libros de mi hijo. La mezcla me parecía interesante.
Así mataba dos pájaros de un tiro. Compartir cuadro y expandir el debate, puesto que lo que deseo es que surjan nuevos focos de discusión, cuando terceras personas que visiten nuestras respectivas casas vean nuestros cuadritos y se pregunten qué es aquello.
Al observar el resultado me percaté que, sin darme cuenta, había puesto un granito más en el movimiento del activismo creativo que tanto me entusiasmó el año pasado en Nueva York. ¡Qué alegría!
Y por eso os lo cuento : )
viernes, 5 de octubre de 2012
Hablando se entiende la gente, a veces.
El otro
día impartí mi primera clase particular sobre redes sociales. Fue una
experiencia novedosa e interesante, puesto que siempre he defendido que para
transmitir el conocimiento, no es necesario utilizar siempre la terminología
propia del tema que se esté tratando.
Durante
mi época como abogada, colaboré una temporada como voluntaria en un centro de
mujeres de barrio. Fue una experiencia bastante dura, porque me tocaba asesorar
a mujeres con problemas de todo tipo, maltratadas por sus parejas en su mayoría
y con un nivel de educación muy bajo. Estas pobres mujeres se sentían
doblemente víctimas dado que, muchas de ellas, acudían a mí para que yo les
“tradujera” las palabras de sus abogadas de oficio. Para mí esto era algo
intolerable, ya que por aquel entonces daba por supuesto que el que domina el
lenguaje “elevado” debe saber también modularlo según el interlocutor que tenga
delante.
Sin
embargo, la vida me ha demostrado que no siempre es así y que por desgracia hay
muchos profesionales que no saben ponerse en la piel del otro, carecen de
empatía y en muchos casos, simplemente, no son capaces de dar la vuelta a aquello que
han aprendido de memoria.
En fin,
el caso es que el otro día, sin utilizar ningún término de los que estamos
acostumbrados a leer en la red, intenté (espero que con éxito) dar un panorama
general de qué son las redes sociales y para qué nos pueden servir. Después de
abrir la caja de Pandora y mostrar la cantidad de información disponible, les
conté que además de disfrutar de la red como usuaria, me encanta trabajar en
comunicación online, puesto que me permite desarrollar diferentes
personalidades. Juego diferentes papeles, como si de una obra de teatro se
tratara. Dependiendo de la cuenta que maneje, utilizo un tono distinto,
transmito un mensaje diferente, con un lenguaje adaptado al tipo de público al
que se dirige cada una de ellas. Me pongo en la piel del receptor y me digo ¿Qué
es lo que me gustaría que esta marca me aportara? y procuro cumplir con la
respuesta que obtengo. Además, adentrarme en el mundo de cada marca, me obliga
a seguir aprendiendo, y me mantiene viva.
Gestiono
cuentas de diversa índole; académicas, comerciales, culturales… y disfruto con
ello. Pero han sido muchos años de trabajo -de exponer casos y ponencias, de
negociar con altos cargos y hablar con personas sencillas, de
aprender psicología gracias a la grafología, de interesarme y estudiar
muchos temas diferentes y paralelos a mi profesión- los que me han dado esta
“facilidad”. Ahora que poco a poco las instituciones y las empresas empiezan a
darse cuenta de que deben estar en la web 2.0, quieren hacerlo, pero todavía
hay muchas que se resisten a pagar este servicio, porque aún no lo valoran.
No se dan cuenta que lanzarse al mundo online son palabras mayores. Como todo
el mundo maneja Facebook, creen que este es un trabajo que puede hacer
cualquiera... sin tener en cuenta la capacidad de comunicación (entre otras
competencias) que tenga la persona en cuestión. Porque comunicar, supone hacer
llegar el mensaje exacto, a la persona indicada y saber escuchar sus
necesidades. Y no todo el mundo puede hacerlo... Y las consecuencias de una
mala comunicación pueden ser desastrosas.
Y yo me pregunto ¿Pondrías
como relaciones públicas de tu marca, como escudo contra incendios, a una
persona inexperta o a otra con demasiado conocimiento teórico pero incapaz de
comunicar al nivel de tu potencial clientela?
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martes, 25 de septiembre de 2012
Es hora de implicarse (aunque afecte a tu marca personal)
Estamos viviendo un momento histórico. España empieza a
descender la montaña rusa de la crisis y no sabemos si al final se chocará
contra el muro, o podrá seguir adelante. Todo apunta a que si seguimos en esta
dirección, nos espera en breve la misma situación que ahora padecen los
ciudadanos griegos (y ellos tienen menos paro) y (otros) 40 años de miseria.
Pero, ¿no os parece que ahora es más importante apostar por el bien general? ¿No estamos hartos de oír la frase “pan para hoy, hambre para mañana”? Personalmente creo que es ahora cuando todos debemos plantarnos. Antes de que las cosas se pongan aún peor. Todavía hay posibilidades de parar esta locura. Al menos, debemos intentarlo. No puedo imaginar los ojos de mi hijo cuando, dentro de 20 años me pregunte “¿Mamá, y tú qué hiciste para evitar todo esto?”. Desearía poder contestar que yo fui uno más de los engranajes que hizo posible el cambio. O, por lo menos, en el peor de los casos, asegurarle que hice lo que estaba en mi mano para evitar el desastre. Desde luego, no puedo soportar la idea de quedarme muda ante tal pregunta.
Comprendo perfectamente las implicaciones, las consecuencias de la huella digital que estas palabras (y las que vendrán) dejarán sobre mi marca personal.
Para alguien que ha decidido hace dos días trabajar como freelance (y que todavía ni siquiera le ha dado tiempo de publicar su blog profesional), supone un gran sacrificio. Aunque en mi trabajo no se vea cuál es mi postura política (tal y como demuestra una trayectoria profesional tan dispar como la mía), es obvio que mi posicionamiento público ideológico echará para atrás a potenciales clientes y colaboradores. Me arriesgo a que no haya pan para hoy.
Pero debo hacerlo, para intentar que nuestros nietos sí lo tengan.
Os animo a que también os impliquéis. Somos ciudadanos antes que profesionales. Podemos y sabemos defender nuestras ideas, sin que esto influya en el resultado de nuestro trabajo.
Nos necesitamos.
Mientras sólo un porcentaje muy pequeño de la población
tiene la valentía de mostrar su indignación, su rechazo a las políticas y a las
medidas que se están tomando (y se han tomado), el resto de ciudadanos observan
silenciosos, como si la cosa no fuera con ellos, o, sencillamente, temerosos de
mostrar su opinión bajo amenaza de ser señalados con el dedo, con las
consecuencias sociales y laborales que eso significa. Sobre todo, en esta
España nuestra.
Temen que, si muestran públicamente su descontento, su deseo
de que esto vaya por otras vías, las cosas se les pongan aún peor. Y
virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Lo comprendo. Hay que asegurar
el pan en casa.Pero, ¿no os parece que ahora es más importante apostar por el bien general? ¿No estamos hartos de oír la frase “pan para hoy, hambre para mañana”? Personalmente creo que es ahora cuando todos debemos plantarnos. Antes de que las cosas se pongan aún peor. Todavía hay posibilidades de parar esta locura. Al menos, debemos intentarlo. No puedo imaginar los ojos de mi hijo cuando, dentro de 20 años me pregunte “¿Mamá, y tú qué hiciste para evitar todo esto?”. Desearía poder contestar que yo fui uno más de los engranajes que hizo posible el cambio. O, por lo menos, en el peor de los casos, asegurarle que hice lo que estaba en mi mano para evitar el desastre. Desde luego, no puedo soportar la idea de quedarme muda ante tal pregunta.
Comprendo perfectamente las implicaciones, las consecuencias de la huella digital que estas palabras (y las que vendrán) dejarán sobre mi marca personal.
Para alguien que ha decidido hace dos días trabajar como freelance (y que todavía ni siquiera le ha dado tiempo de publicar su blog profesional), supone un gran sacrificio. Aunque en mi trabajo no se vea cuál es mi postura política (tal y como demuestra una trayectoria profesional tan dispar como la mía), es obvio que mi posicionamiento público ideológico echará para atrás a potenciales clientes y colaboradores. Me arriesgo a que no haya pan para hoy.
Pero debo hacerlo, para intentar que nuestros nietos sí lo tengan.
Os animo a que también os impliquéis. Somos ciudadanos antes que profesionales. Podemos y sabemos defender nuestras ideas, sin que esto influya en el resultado de nuestro trabajo.
Nos necesitamos.
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martes, 12 de junio de 2012
Amasando con la harina de los demás

Normalmente no me gusta hacer comentarios
negativos ni pesimistas. Pienso que, aunque todos tenemos ese tipo de
pensamientos -y por desgracia cada vez más a menudo-, darles voz o ponerlos por
escrito es como dotarlos de personalidad, y esta situación por la que estamos
pasando es suficientemente real como para que los mortales que no nos dedicamos
a la política ni a la economía le demos aún mayor bombo, perdamos el equilibrio
y nos veamos abocados a un mundo de ideas que no controlamos.
Pero es que por mucho que no
quiera echar más leña al fuego, hay cosas que claman al cielo. No voy a hablar
del rescate, de lo mal que han gestionado y gestionan los políticos los
intereses de España (de los españoles, que sin ellos, España no es nada) sino
de la corrupción, a todos los niveles.
Creo que es uno de los delitos que más me repugna. Obviamente, a mayor cargo
público, mayor repugnancia siento por los delitos que se hayan podido cometer a
cargo de los impuestos de todos. Y es que, me parece tan ruin que alguien que
ocupa un puesto que ha de ser ejemplo para el resto de la sociedad (y por
tanto, goza del respeto de los ciudadanos y cobra un salario mucho más que
digno que le permite vivir muy holgadamente) se aproveche de su posición para
no pagar ni un céntimo de su bolsillo, es penoso.
Por desgracia, estos casos no aparecen por casualidad, ni son excepcionales. Es muy común escuchar a la gente decir que “cualquiera que tenga la oportunidad, robará”. Y la gente lo dice porque lo piensa y me parece terrible. ¿De verdad todo el mundo cree que sus conocidos también serían corruptos a poco que tuvieran la oportunidad? Qué lástima, de verdad. Pero estas miserias no ocurren solo en las instituciones públicas. Para mí la corrupción va más allá. Independientemente de lo que diga el tipo penal. Hablo de la corrupción personal, de la avaricia, de la bajeza humana que por ganar dinero es capaz de cualquier cosa, como hemos visto con los desmanes de la banca.
Personalmente viví una situación relacionada, que me dejó marcada de por vida. Hace años, mientras trabajada en un despacho de abogados -no diré el nombre, puesto que era tan inmundo que una de sus prácticas era presentar denuncias de todo tipo frente a los extrabajadores, para presionarles y evitar que contaran las lindezas que ocurrían dentro. No sé si seguirán practicando ese deporte, pero me ahorraré el disgusto. Sólo diré que el día que puse un pie dentro, supe que me tenía que ir de allí. Antes de que pasaran 6 meses me piré, a pesar de la sorpresa del jefe porque según sus palabras “no habían tenido ningún problema conmigo” esto dicho como algo sorprendente.- En fin, a lo que iba, el caso es que por aquel entonces yo me había sacado el título de grafóloga y perito calígrafo, y ya podía defender mis propias periciales en los juzgados. Un día vinieron dos compañeros abogados a pedirme que les hiciera la pericial de un documento. Dado que conocía el pelaje de los susodichos, indiqué que yo haría la pericial y que, si el resultado les era favorable para los intereses de su cliente, la utilizaran y que de no ser así, pues nada. La respuesta no se hizo esperar. A gritos y como si no dieran crédito a lo que acababan de oír, lo más lindo que me dijeron fue que era gilipollas. Me dijeron que el cliente me daba un cheque en blanco. Que si lo rechazaba, era una idiota.
Les dije lo siguiente, más o menos: “Como abogada utilizo las vías que me permiten las leyes, para defender a mis clientes. Es un juego en el que sólo hay que cumplir las reglas, aunque a veces sepamos que lo que decimos no es verdad. Pero es que en todos los juicios siempre hay una parte, si no son las dos, que miente. Eso es así. Pero como perita, lo único de lo que dispongo, es de mi palabra. Si miento ¿Qué me queda? Una vez que haya pasado la línea ¿Qué más dará pasarla de nuevo? La línea entre la dignidad y la falta de ella es muy delgada. Y mi dignidad no tiene precio.”
No se si añade o no a la historia el hecho de que ambos abogados eran de muy “buena familia”, estaban forrados, me "consultaban" si los anillos de sus novias debían tener 7 o 9 brillantes o diamantes (ya no recuerdo qué es lo que procede en estos casos), mientras me contaban cómo "tenían" que ir de putas puesto que "hay cosas que la futura madre de tus hijos no puede hacer. La boca que besará la carita de tu hijo no puede hacer ciertas cosas". Verídico.
Se rieron de mí, me despreciaron. Y a mí me pareció desolador encontrarme con dos personas que muy probablemente ahora estén ocupando cargos de poder (gracias a papá y sus amigos) y que no dudaron ni un segundo de que mi decisión era estúpida… ¿Qué decisiones habrán tomado en estos últimos años?
Pues eso.
domingo, 3 de junio de 2012
Disfrutando de nuestro mini-reino
Hay que dormir, trabajar, mantener la casa decentemente, pasar ratos de calidad con los hijos, con la pareja, la familia y los amigos… y si quedan migajas, devorarlas para uno mismo.
¿Migajas? ¿De verdad podemos mantener un equilibrio mental si sólo nos reservamos unas migajas para nosotros mismos? Creo que es ahora cuando más necesitamos ese rato íntimo. Tener tiempo para reflexionar sin prisas, recolocar nuestra paz interior, serenarnos para poder seguir adelante en esta carrera de fondo llena de obstáculos que los gobernantes y sinvergüenzas varios nos han impuesto. Porque correr una maratón de este tipo improvisadamente puede ser terrible para nuestros miserables cuerpecitos.
Si de algo somos soberanos, es de nuestro cuerpo y nuestra mente. Gobernemos nuestro mini-reino. Saquémosle el máximo rendimiento.
Cada uno de nosotros sabemos de qué modo podemos sacar chispa a nuestras capacidades, físicas y mentales. A cada uno le “pone” una cosa distinta. Leer, subir montañas, hacer pasteles, construir maquetas, yo que sé. Hay tantas opciones como personas. No, hay más, puesto que si nos buscamos bien, encontramos más de una actividad que de ejecutarla, sabemos que somos felices por un rato. Nuestro puzzle mental se recompone un poco. Y de eso se trata.
Nunca he entendido a la gente que dice “me aburro”. Es una palabra que jamás he utilizado, puesto que siempre he gozado de un abanico amplísimo de posibilidades de disfrute. Es tan variado, que tengo un montón de “hobbies” en la cola de pendientes, esperando ser atacados por mi parte. Y es una paz tremenda saber que siempre, pase lo que pase e independientemente de mi capacidad económica, tendré la posibilidad de seguir disfrutando de la vida.
Así que reivindico el lugar y la importancia de las aficiones personales. Hay que buscarles el tiempo y defenderlas, puesto que nos alimentan el espíritu y nos mantienen en forma para la batalla vital.
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